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Fr. VICTORINO TERRADILLOS


LITURGIA     DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO      Ciclo B


1.-Las lecturas de este Domingo, día del Señor, Eucaristía como centro de la vida cristiana y eclesial, se aproximan a lo más poético que se puede utilizar y decir para convocar la atención y expresar la gracia. La Palabra se reviste de figuras y comparaciones, parábolas. Nos dicen mucho más de lo que a simple vista puede mostrarnos una conversación sobre el Reino de los cielos, el Reino de Dios, un precepto, una llamada de atención sobre la solidaridad.

2.-Ezequiel, el profeta de la vocación y de la reconstrucción, nos coloca delante de un futuro lleno de vida, aunque la situación actual sea penosa, desoladora. Todos los árboles reconocerán que el Señor es Señor de toda creación, que humilla el árbol frondoso y elevado, y levanta con verdor al árbol seco.
Oyendo todo el discurso, se puede esperar en el Señor; tener confianza en Dios; vivir bajo la señal de la esperanza en la presencia y misericordia del Señor que humilla y enaltece, hunde y levanta. Es promesa, y es experiencia. Lo sabe Israel, lo sabe quien vive de la fe, el justo, el pueblo que camina, que ha pasado por exilio y penalidades.

3.-El Señor lo ha dicho y lo ha hecho. ¡Confío y no temeré! Su promesa supera a su fama.
Caminamos en fe, y no en visión; llenos de buen ánimo. 2Cor 5,6-10. Ahora el árbol nuevo, tomado del costado de Adán como nuevo Adán, es Cristo. Árbol de vida desgajado, roto, pero lleno de vitalidad, floreciendo en cada Eucaristía, en las vidas cristianas y de toda persona que busca la verdad, el bien y la justicia.
No hay árbol malo más que el árbol soberbio, que acabará seco y en cenizas.

4.- El Salmo está lleno de lozanía y frondosidad. Así es el justo: como una palmera, llena de vida y fruto en todo momento, independiente de las épocas, de los años, de la vejez. Todo el que permanece junto a la corriente viva de Dios tiene la seguridad de la vida. Dios es como un torrente, una corriente vivificadora.
Debemos reconocer la misericordia del Reino de Dios, y dar gracias; proclamar la misericordia todos los amaneceres, y no olvidar la acción de gracias y la plegaria de bendición cada anochecer, durante todo el tiempo que dura la noche.
Dios mantiene la frondosidad de su pueblo, cuando éste no abandona la acequia de Dios, ¡siempre llena de agua y frescor!

5.- No nos abandona lo poético, lo real, la realidad de la manifestación del Reino. ¿Por qué olvidarse de las cosas pequeñas, de las semillas insignificantes, de los pájaros, de las siembras, de las tareas más comunes de la vida? En todo logramos ver y sentir una señal que compara, que nos aproxima, que nos revela, que nos habla.  Se parece el reino de los cielos a un hombre que echa una semilla en la tierra.
Lo pequeño, lo cotidiano, lo insignificante nos puede hablar con unos acentos tanto o más fuertes que lo grandioso, lo excelente, lo que conmueve por el éxito o el poder.
Más que pequeña, la semilla llega a desaparecer en la tierra; más que desaparecer, se pudre, muere. Y luego, ¡sorpresa, grandiosidad, vida!, la semilla germina, despunta, crece, y apareciendo al exterior … llega a nosotros, se presenta delante de nuestra vista, y ¿quién sabe cómo? Lo pequeño se hace presente a nuestros ojos, tantas apariciones de vidas, gestos, realidades…¡y no sabemos cómo! El misterio, la revelación deben ser agradecidos, y guardados.  
Un grano de mostaza. Realidad y poesía. Creación y llamada a la admiración, al respeto, a la compasión, al agradecimiento. Diminuto grano de mostaza, insignificante. ¿Cuánto y qué representa el Reino de Dios? Lo normal es que no veamos, que no apreciemos, que dejemos a un lado lo tan de poca apariencia e insignificante.
Pero, la semilla más pequeña, sembrada, crece, se hace alta, y los pájaros pueden anidar a las alas de su sombra. Maravillosa naturaleza que nos da lecciones, palabras abundantes, llenas de sabiduría y significados. ¡Todo cuanto existe, cuánto nos revela! Como para caer de bruces y adorar, bendecir, proclamar, respetar, servir, agradecer.

6.- Las Parábolas, palabras de Jesús con las que expone su Palabra, el Reino de Dios, están tomadas de la vida cotidiana, del acontecer diario. ¿Por qué no aprender a recibir de todos, los lenguajes, su referencia, sus señales y llamadas, sus simbología? Podemos ser sabios si somos sencillos y agradecidos; árboles florecientes si no nos salimos de la corriente de la vida, del bien, de la humildad, de la esperanza, de recibir la gracia y manifestación del Reino de Dios, de su Hijo amado, el Predilecto, Jesucristo.

7.- Nos quedaremos, Señor, a la orilla de tu corriente, junto a tu cauce, para poder tener nuestras raíces junto a tu cepa de agua viva.

8.- Hoy proclamamos el Prefacio octavo de los Domingos del Tiempo Ordinario.

Victorino Terradillos Ortega, franciscano














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