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SOLUCIONES Y HOMILÍAS DE LOS DOMINGOS

LA SOLUCIÓN DEL BUSCA Y ENCUENTRA DEL 5 DE AGOSTO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Desde luego, hoy, el pan no es lo que era. Porque, en estos tiempos, son muchos los dietistas y los “forjadores” de imposibles cuerpos humanos perfectos, que prohíben la ingesta del pan como si de un veneno poderoso se tratase. Y, sin embargo, durante milenios –y sobre todo en el mundo mediterráneo— el pan ha sido el alimento principal de generaciones y generaciones. Fue, además, un avance técnico importante, un triunfo científico de indudable importancia, porque moler la harina, hacer una masa con agua y añadir levadura para que aumente, no es algo tan fácil, ni tan espontáneo. Por eso tiene mucho sentido cuando Jesús de Nazaret inicia su discurso del pan, considerándolo comida fundamental y solamente comparable al maná que los israelitas recibieron del cielo durante la larga marcha por el desierto. Jesús preanuncia, además, el prodigio del milagro eucarístico, donde un pan bendecido se convierte en viático de eternidad y donde, asimismo, en él se va a quedar para acompañarnos durante los siglos de los siglos.

2.- Jesús no esconde la importancia que tiene la comida y quien la da. Dice, no exento de dureza argumental, que le han buscado porque asistieron a la entrega de pan, delicioso y gratis, y con él quedaron saciados. Sin duda, es como un adelanto de una vida feliz. Recostada la multitud sobre la hierba, en tiempo fresco, en el que el sol ardiente de Palestina no molestaba, comiendo sin parar y escuchando la Palabra de Jesús. ¿No es, casi, legítimo que intentaran repetir la escena muchas veces y así construir una vida de tranquilidad, ocio y paz? Si, claro, pero Jesús les dio de comer el día de la multiplicación por un hecho real y contingente. No es que pretendiera embaucar con su poder, simplemente quiso alimentarles porque después de mucho tiempo de seguirle podrían caer de hambre y de cansancio.

3.- El diálogo de Jesús con los quieren otra vez el pan prodigioso demuestra una gran desconfianza ante el propio milagro de la multiplicación. No le encuentran sentido espiritual alguno, y sólo lo ven como un subsidio, como un seguro de desempleo, que permite vivir sin trabajar, aunque esté justificado. Y de ahí que se inicie ese otro planteamiento en el que el Rabí de Galilea les promete una vida completa. “El que viene a mi –dice el Señor—no pasará hambre, y el que cree en mi no pasará nunca sed”. Pero ellos muy pegados a lo material no saben ver ese otro mensaje de altura. 

4.- Por eso hay que pensar que Jesús habló para nosotros. Porque, obviamente, la nosotros si sabemos de qué habla Jesús, aunque, aún entendiéndole, no le hagamos caso. Hemos de reflexionar, con toda el alma, sobre la Eucaristía, sobre la Comunión, sobre el alimento de altura que todos los días está a nuestra disposición en la Santa Misa. No podemos buscar a Jesús para ser importantes dentro de la Iglesia, o para que nos vean. Hemos de buscar el alimento que nos transforma y nos mantiene. Sería una gran práctica de oración y de piedad que copiáramos las frases que Jesús dice a sus interlocutores de hace más de dos mil años y las repitiéramos como antecedente y consecuente de nuestro momento de Comunión. Deberíamos hacerlo.

5.- Durante la peregrinación por el desierto, Dios Padre les socorre con un alimento prodigioso, desconocido, que nunca ha vuelto a repetirse, y sobre el cual los estudiosos han hecho muchas conjeturas sobre su origen y composición. Tanto da. La cuestión es que el poder de Dios Padre da comer a su pueblo hambriento. Y ello es, igualmente, parecido, cuando Moisés, apaleando una roca, obtiene agua. Ya podemos nosotros “hinchar” a palos a un pedrusco de esos de granito que abundan en la sierra de Madrid que no sacaremos nada, salva romper el palo y hasta nuestra muñeca. Lo del maná es un bello antecedente para el discurso de Cristo de hoy, pero realmente el prodigio, total y enorme, es que el mismo Dios se quede en el pan para acompañarnos durante toda nuestra vida. 

6.- Y Pablo de Tarso acierta del todo cuando dice en su Carta a los Efesios que no renovemos por el Espíritu de Jesús y que nos transformemos dentro de una nueva condición humana, a imagen de Dios. La Eucaristía nos ayuda a ello. Es una primicia de eternidad. Es la Comunión –la común unión—con Cristo. Es camino seguro de vida eterna. Por eso os decía que debemos meditar hoy sobre el Sacramento del Altar, dedicarle todo el tiempo que hayamos previsto para nuestra oración cotidiana. Sinceramente, merece la pena, porque es el Pan de nuestra Libertad.






BUSQUEMOS LOS PROFETAS EN NUESTRA TIERRA
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Podemos comenzar comentando algo que, desde luego, no es lo más importante del contenido exegético de las lecturas que acabamos de escuchar. Pero que siempre ha levantado un interés muy especial entre los estudiosos de la Escritura. En el fragmento que hemos proclamado hoy de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios se refleja uno de los temas que más se han debatido entre exégetas y escrituristas. Pablo a alude a un gran sufrimiento personal; o a una enfermedad; a una gran tentación. Recordémoslo: “Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un emisario de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio”. Se ha especulado muchísimo sobre el mal sufrido por el Apóstol, pero en realidad poco importa cual fuera la naturaleza de su mal. A él le sirvió para limitar la soberbia y, sobre todo, para obtener la revelación de uno de los puntos culminantes de la doctrina paulina: que la debilidad humana es querida y utilizada por Dios para hacer cosas importantes.
2.- Nadie esta inmune a esos grandes sufrimientos o esas enormes y permanentes tentaciones, algo que está siempre presente en nuestras vidas. Y que no nos deja. Sirve, como dice San Pablo, para hacer caer en la cuenta de nuestra fragilidad. La espina que sufre Pablo en su carne le ha hecho más humilde, más conocedor de sus limitaciones, Y ello enlaza, directamente, con la idea que Jesús quería dar a sus paisanos: que alguien como ellos, sin especiales brillos sociales, fuera el Ungido de Dios, el Mesías.
3.- Es el episodio de la visita de Jesús a su pueblo: a Nazaret. Y que ha suscitado la famosa frase, de uso universal: “nadie es profeta en su tierra”. Y en este caso, una cuestión importante sería dilucidar qué fue peor: si el no reconocimiento de Cristo como profeta o que la comunidad de Nazaret no se beneficiase de la capacidad salvadora de Cristo. Sinceramente, creo que las dos cosas, aunque, tal vez, puedan resumirse en una sola: si hubieran creído en su paisano, Jesús, su fe les hubiera dado muchos frutos, como siempre el Maestro ha buscado: la de que mueve montañas.
4.- Pero hay otra realidad. Muchas veces anteponemos lo ritual y magnificente, lo bien presentado, aquello de gran apariencia. O, incluso, lo sorprendente, lo inesperado. Como es obvio Jesús no bajó a la tierra para presumir. Si hubiese querido tal cosa, su llegada habría sido bien distinta. Él se presentó "como uno de tantos e iba por pueblos y aldeas haciendo el bien y curando a los oprimidos". Merece la pena hoy, en este domingo del mes de julio adentrarse en esta idea y meditarla. A veces, posiciones demasiado puristas o falsamente ortodoxas impiden recoger los frutos de la acción de Dios.
5.- Y trasladados nosotros a aquel momento concreto del paso de Jesús por las tierras de Palestina descubriríamos que muchos "creyentes" pensaron, entonces, que estaban haciendo un favor a Cristo por creer en Él, cuando el verdadero favor era el que les hacía Cristo de poder participar en “vivo y en directo” del prodigioso misterio de la Redención. Fueron duros los paisanos de Jesús y ellos dejaron pasar ese ofrecimiento generoso, histórico y cósmico. Pero curiosamente somos nosotros los que recibimos el favor por tener la dicha de saber bien quién es Él. La reticencia de los habitantes de Nazaret les privó del gozo de otras comunidades que se entregaron a Jesús sin más. Suponemos que su salida de Nazaret, un tanto desilusionado, iba a ser anticipo de la gran catástrofe en que se sumieron quienes despreciaron el mensaje de Jesús y lo enviaron a la Cruz.
6.- La rebeldía del pueblo de Israel, respecto a los designios a Dios, era una constante en toda la historia del Antiguo Testamento. Pero, en el caso de Jesús, se establece lo dicho en la parábola de la vid, los arrendadores de la misma cometen el último gran pecado: matar al Hijo del dueño de la viña para quedarse con su herencia. Y por ello, para mejor justificar su crimen, no podían, ni por un momento, reconocer la identidad del Heredero. Por eso, cuando Jesús se atribuye las palabras de Isaías, reflejadas en el Evangelio de San Lucas sobre el mismo episodio narrado hoy por San Marcos –“el Espíritu del Señor está sobre mí, me ha enviado a anunciar el Evangelio a los pobres”— se produjo el gran escándalo. No se admite la sabiduría de alguien a quien conocen y tienen cerca. Si hubiera llegado a Nazaret montado sobre un brioso caballo y rodeado de una fuerte y vistosa escolta no habrían dudado. Pero un paisano no podría ser más que ellos. También es cierto que la gran paradoja que ofrece Jesús a sus paisanos es la humildad: presentarse como Mesías como uno más, como un miembro normal de su comunidad. Y esa paradoja la irían experimentando todos –también los Apóstoles— hasta que no se produjo la Resurrección.
7.- La enseñanza para nosotros hoy es que debemos poner mucha atención a lo que ocurre a nuestro alrededor en todas las manifestaciones de la vida, y, asimismo, en el ámbito religioso. Cristo se nos presenta muchas veces ante nosotros con la imagen de los hermanos que sufren o, ¿quién sabe?, con la presencia de unos niños –que como a San Agustín— que cantan, en la lejanía, sobre lo que tenemos que hacer. Es muy importante estar abierto a cualquier inspiración del Espíritu y hemos de pedirle a Dios el don del discernimiento: saber que es de Dios, de todo lo que recibimos de nuestros hermanos más cercanos a nosotros.
8.- La humildad es siempre un buen camino para descubrir esos mensajes. Y por el contrario la soberbia es el gran impedimento para tener ojos y oídos abiertos a las inspiraciones de Dios. Amemos a nuestros semejantes, comenzando por los que comparten nuestra vida en nuestro barrio, que nos parecerán, ni famosos, ni importantes. Por ellos nos puede hablar Dios… No hay que cruzar los mares y atravesar los continentes para recibir la Palabra. Es más que probable que nos la estén diciendo cerca, muy cerca, y, sin embargo, que no consideremos que esa persona “conocida de toda la vida”, pueda ser un mensajero del Altísimo. Busquemos, con ahínco, los muchos profetas que, sin duda, hay en nuestra tierra.
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COLUMNAS MOVEDIZAS DEL DOMINGO DE LA SANTISIMA TRINIDAD
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».



SOLUCIÓN DE LAS COLUMNAS MOVEDIZAS DEL VI DOMINGO PASCUAL
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

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LAS OVEJAS PERDIDAS DEL II domingo de cuaresma

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.





AS DEL IV DOMINGO T.O,
 
En la ciudad de Cafarnaún, y el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escriba



LAS OVEJAS PERDIDAS DEL II DOMINGO T.O.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».




SOLUCION DE LAS COLUMNAS MOVEDIZAS DEL DIA DE LA  MADRE DE DIOS
Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.





DIOS PIDIÓ PERMISO A MARÍA - Por Ángel Gómez Escorial

1.- El Evangelio de Lucas que acabamos de escuchar contiene el maravilloso episodio de la Anunciación. El arcángel San Gabriel pide permiso a María, de parte de Dios, para que sea figura básica de la Redención. Dicho así suena como algo exento del fuerte componente poético que lleva esta escena. Y, sin embargo, como el Señor Dios no se impone a nadie, recaba dicho permiso a María de Nazaret, una jovencita de unos catorce años. Cuando ella da su consentimiento, se inicia la historia más prodigiosa de, por supuesto, de la raza humana, pero también la más misteriosa del entorno de la divinidad. ¿Un Dios que se abaja a ser hombre para salvar a la humanidad? Resulta increíble, pero como nosotros, los cristianos, nos la creemos, pues se torna en misterio, en algo incomprensible. Claro que es un misterio que nos llena de agradecimiento y, por supuesto, porque Dios ha querido salvarnos y librarnos de la herencia del mal, que nos viene de Adán y Eva. Pero, además, porque Dios ya es uno “de los nuestros”, es un hombre como otros muchos hombres, nacidos de mujer.

2.- La narración además la tenemos muy fresca. La escuchamos hace diez días en la misa de la Solemnidad de la Inmaculada. Se han escrito miles y miles de páginas sobre la Anunciación y se han pintado miles y miles de cuadros sobre esta escena, algunos de los cuales son obras maestras de la pintura universal. Y es atractivo, sin duda, entrar en la contemplación de ese episodio. Es verdad, como nos ha demostrado la arqueología, que la escena idílica y elegante, llena de bellas columnas, de habitaciones casi suntuosas y de paisajes verdes y floridos, pues no es cierta, porque las casas en la Palestina de tiempos de la adolescente María de Nazaret eran menos elegantes y el entorno, mucho más seco y sin apenas vegetación. Pero, qué más da. La cuestión es que allí algo muy extraordinario ocurrió. El poder de Dios estaba presente y, probablemente, la belleza del momento, aún sin coincidir con el pincel maestro de muchos pintores, tuvo que ser de una inconmensurable belleza, si es que alguien hubiera podido verlo. 

3.- María de Nazaret aceptó lo que el Señor le ofrecía. Y la historia cambió, la historia comenzó a cambiar. Y ahí estamos todavía, intentando cambiarla, con la ayuda de Dios y con la presencia histórica –y su sacrificio— del Hombre Dios entre nosotros. Por eso es imposible dejar fuera a María de la prodigiosa historia de nuestra Redención. Y cuando por razones diversas se ha querido sacar a María de nuestra historia y de su participación en los planes salvíficos de Dios, se ha cometido una enorme equivocación. Y para llegar a esta idea no hace falta investigar mucho, sólo ha falta basarse –creo yo— en el relato de la conversación entre María y Gabriel. Es más que suficiente. 

4.- La primera lectura del libro segundo de Samuel nos cuenta la promesa de Dios al Rey David por la cual su estirpe permanecerá siempre. Y así el nacimiento del Mesías, de la estirpe de David, es el cumplimiento de esa gran promesa, la cual se inscribe en la realidad del próximo nacimiento del Niño Dios en Belén. A su vez Pablo en su Carta a los Romanos muestra como predicando a Cristo Jesús se desvela un misterio mantenido oculto durante siglos y hecho de manifiesto en este tiempo. Realmente, nosotros, en estos días de gran cercanía a la Navidad –Nochebuena es hoy domingo— hemos de meditar en ese misterio del nacimiento de un Niño que esperaron muchas generaciones y que pronto va a estar entre en nosotros. Claro que el reproche que podría hacerse a los de nuestra generación es que estamos comenzando a olvidar el Milagro de Belén. Vivimos en una sociedad cada vez más alejada de lo transcendente, de lo divino. Una sociedad que se ha inventado unos dioses que siempre fallan: la crisis económica que vivimos en estos meses tan difíciles no es otra cosa que un pecado de avaricia. El dios dinero ha traicionado, una vez más, a sus súbditos. Hemos de recuperar la esperanza total de que Dios viene a nosotros en forma de Niño. Eso, además de darnos una gran alegría no nos defraudará.




SOLUCIÓN DEL DAMERO BENDITO
FRASE: Quitad esto de ahí, no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre
RESPUESTAS:
A: Poder, B: Roque, C: Unidas, D: Delimita, E: Encanta, F: Noches, G: Toma, H: Envidiad,
I: Sacar
VERTICAL: PRUDENTES

SOLUCIÓN DE LAS OVEJAS PERDIDAS DEL XXXII DOMINGO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
SOLUCIÓN DEL BUSCA Y ENCUENTRA DEL XXX  DOMINGO DEL T. O.
S0LUCIÓN DE LAS COLUMNAS MOVEDIZAS DEL XXIX DOMINGODEL T.O.
“Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”
SOLUCIÓN DE LAS COLUMNAS MOVEDIZAS DEL XXVII DOMINGO DEL T.O.
Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y…
 
SOLUCIÓN DE LAS OVEJAS PERDIDAS DEL XXII DOMINGO T.O.

-- El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? 


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