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FRAY VICTORINO TERRADILLOS


LITURGIA  TERCER DOMINGO DE PASCUA. Ciclo B


1)      CRISTO VIVO Y VIVIENTE POR LOS SIGLOS
No es tema de homilía, sino realidad y contenido de nuestra fe que se alimenta con las palabras de la homilía, de la exposición, catequesis, meditación, estudio, lectura, contemplación. Tema, contenido, realidad de nuestra fe que confesamos: la Resurrección de Cristo.
Miramos las vidas cristianas, de los bautizados, de los consagrados con el crisma, el aceite de bendición, y nos llenamos de alegría en la misma comunión, grupo y fraternidad. Somos Iglesia por el mismo Espíritu, bendecimos en el mismo Espíritu, glorificamos y exultamos por el mismo Espíritu. “El grupo de los creyentes tiene una misma gloria, fe, esperanza y debe manifestar la misma unidad y caridad: la Vida de Cristo muerto y resucitado”.
Jesús “habla y parte el pan”; comienza a presidir, como lo hace ahora de modo invisible, la asamblea eclesial con sus dos partes de la liturgia de la Palabra y de la eucaristía. En estas apariciones ( Emaús, Cenáculo  y en la orilla del mar de Galilea) se destaca también que la Pasión y resurrección ocurrieron conforme a las antiguas Escrituras, que los apóstoles  comienzan a comprender como referidas a Cristo y nosotros las comprendemos por el don del Espíritu, y las veneramos, las leemos” (M. Vaticano II)
Desde la antífona de entrada, somos invitados a aclamar al Señor con toda la tierra, a cantar himnos, bendecir el nombre del Señor. Es una fiesta tan grande “por lo sucedido”, por lo que oímos y vemos, que toda la Iglesia canta llena de júbilo. Si el sentimiento por el dolor nos invade hasta lo profundo y nos hace balbucir quejas, palabras y sentencias, cuánto más debe hacer surgir en nosotros el sentimiento de la alegría por la Pascua de Cristo. “En la resurrección de tu Hijo nos diste motivo para tanta alegría, danos, Señor, en este día y momento, en la “reunión de los creyentes, en la unidad de la misma fe”, el participar del gozo eterno. Al gozo se le añade más gozo, verdadero gozo, cuando se le sabe para siempre, cuando sea eterno.
Meditamos la oración colecta: “Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu; y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resurrección gloriosamente. Por nuestro Señor.

2.- LAS LECTURAS
 Las Lecturas nos traen a la realidad histórica y creyente, a la catequesis y llamada a la contemplación de la Verdad y Vida de Cristo, para que nosotros viendo, oyendo y creyendo nos convirtamos en testigos “de todo esto”, en misioneros y evangelizadores.
Del Libro de los Hechos de los Apóstoles 3,13-15.17-19. Nos conviene oír directamente lo que Pedro dice a la gente: cómo Dios, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús. La gloria es la Resurrección, el Triunfo sobre la Muerte y el Pecado, sobre la Mentira y el Egoísmo. El Justo, rechazado y matado, es el autor de la vida, y Dios lo resucitó y nosotros somos testigos. “El Mesías tenía que padecer”.
Somos llamados, desde la predicación y anuncio, desde Cristo realidad, al arrepentimiento y conversión. La escucha tiene que penetrar a pedir perdón del pecado y a convertirnos a Dios Verdadero, Padre de nuestro Señor Jesucristo.
De la primera carta del Apóstol san Juan 2,1-5: Se nos entrega la Palabra, se nos predica, se nos anuncia “para que no pequemos”, y si pecamos, tenemos un abogado ante el Padre: a Jesucristo, el Justo, Víctima por nuestros pecados y por los del mundo entero. Si escuchamos su Palabra, tenemos que cumplir sus mandamientos; de lo contrario, somos mentirosos.
Del evangelio según san Lucas 24,35-48: contaban los discípulos que Jesús se les apareció en el camino y cómo lo reconocieron en el partir el pan, al partir el pan.  Relatan y cuenta  en el cenáculo, cuando se presenta Jesús “en medio de sus discípulos” y les dice: “Paz a vosotros”
Los discípulos se alarman, se llenan de dudas, y Cristo les muestra “sus manos y su pies”. “SOY YO EN PERSONA”, palpadme y ved que tengo carne y huesos, ¡no como los fantasmas!
Así les muestra las manos y los pies, y ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras: “El Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos”.
Hay muchas dimensiones que ver en el Evangelio: la realidad, la historia, la fe, la proximidad de personas, la conversión a la fe, los testimonios de Cristo en medio de sus discípulos, la comida de fraternidad y plena participación, la invitación a la conversión y el testimonio de vida del Viviente que todos deben dar desde Jerusalén hasta los confines de la tierra.
Se ha cumplido la Escritura con la muerte de Cristo, y se cumple la Escritura con la Resurrección y Presencia para siempre en medio de los Discípulos “cuando tienen algo que comer y él lo toma y come delante de ellos”. En su Nombre se anuncia la conversión y el perdón de los pecados.
Las dimensiones de la Resurrección de Cristo, no es solo creer, comer, reunirse, entran también el perdón, la llamada a la conversión, el anuncio de los testigos que deben continuar por los siglos. Cristo es Redentor, Viviente, Justo, Salvador, el que vive en medio de sus Discípulos.
No se ha ido el Maestro, sino que permanece dándonos ejemplo y presencia de vida; él nos sigue explicando las Escrituras y llenando de vida y fuego nuestro corazón “mientras nos habla” por el Camino y en la Fracción del Pan.
Ahora, nosotros que hemos comido y bebido con Él, que hemos escuchado de su presencia la verdad, anunciamos al mundo entero: “Es verdad que ha resucitado Cristo, el fundamento de nuestro nuevo Templo, la Piedra angular que desecharon los arquitectos”.
                                                 
Fr. Victorino Terradillos, franciscano



Fr. Victorino,franciscano


Palabra del Señor

LITURGIA   CUARTO DOMINGO DE CUARESMA. Ciclo b

1.- “La celebración de la Cuaresma es un tiempo favorable, durante el cual se asciende a la Pascua. El Tiempo de Cuaresma prepara tanto a los catecúmenos como a los fieles en orden a la celebración del misterio pascual. Los catecúmenos se encaminan hacia los sacramentos de la iniciación cristiana, tanto por la “elección” y los “escrutinios” como por la catequesis; los fieles, dedicándoles con más asiduidad a escuchar la Palabra de Dios y a la oración, y mediante la penitencia, se preparan a renovar sus promesas bautismales” (CE,2.19)

2.- Todo nos viene dado para ayudarnos a la vivencia y comunión con Cristo y con la Iglesia mientras hacemos el recorrido vital hacia la Pascua de la Resurrección con Cristo y por Él. Así, no conviene fijar el foco de atención únicamente en la homilía, sino abrir nuestra atención y momento de celebración a toda la Liturgia, comenzando por las mismas oraciones, prefacio, silencio, cantos, salmos, lecturas, procesión de ofrendas.
Antífona de entrada Is 66,10.11: Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos.
Oración colecta: Señor, que reconcilias a los hombres contigo por tu Palabra hecha carne, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas: Al ofrecerte, Señor, en la celebración gozosa del domingo, los dones que nos traen la salvación, te rogamos nos ayudes a celebrar estos santos misterios con fe verdadera y a saber ofrecértelos por la salvación el mundo. Por Jesucristo.
Prefacio.- (para cuando se lee el evangelio Juan 9,1-41, el ciego de nacimiento).- En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.// Que se hizo hombre para conducir al género humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado, los hizo renacer por el bautismo, transformándolos en hijos adoptivos del Padre. // Por eso, Señor, todas tus criaturas, en el cielo y en la tierra, te adoran cantando un cántico nuevo, y también nosotros, con los ángeles, te aclamamos por siempre diciendo: SANTO, SANTO, SANTO…
   ( Ya es hora de que descubramos el sentido, el lugar y el contenido de los Prefacios; cómo entonarlos en nuestra oración y plegaria, servirnos de ellos en todo momento de oración, aprender a dar gracias y bendecir eternamente a Dios Padre por su Hijo Jesucristo en la comunión del Espíritu Santo y con todo el cielo y la tierra. Con la publicación del Nuevo Misal, se han cambiado algo los Prefacios, pero siguen guardando su estructura de diálogo, dirección, relato y esperanza, unidad y bendición. La alabanza al Señor por siempre y en todo lugar, finalizando con el SANTO. Tres veces el Santo al Santo que viene; hosanna en el cielo)
Pues hemos reducido mucho la Eucaristía a la invocación moral, al cambio de vida, a la solidaridad, y hemos olvidado la “Acción de Gracias y Bendición por Jesucristo”.
Oración después de la comunión.- Señor Dios, luz que alumbras a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestro espíritu con la claridad de tu gracia, para que nuestros pensamientos sean dignos de ti y aprendamos a amarte de todo corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.

3.- Así como no es posible entender todo el contenido de una pieza musical cuando solo la escuchamos una vez, de primera vez, y su belleza y contenido no nos afecta y penetra si no la repetimos,( lo mismo sucede en la lectura de la poesía, en la contemplación de una museo, de una calle, de una persona) así  debe ser en  la escucha de la Palabra Divina. Además de una preparación en verdad y sencillez para la audición y puesta en práctica, también precisamos el aprendizaje de la memorización, la meditación, la contemplación, el volver a mirar una y otra vez la cara y rostro que nos muestra diligentemente la Palabra de Dios. Tenemos que cobijar y guardar en el corazón su Dicho y Vida que vienen en la Palabra.
En la escucha de la primera Lectura, Libro Segundo de las Crónicas 36,14-23, nos puede impresionar tanto el pecado de infidelidad de los jefes de los sacerdotes y el pueblo, la burla que hacen de los mensajeros que les envía el Dios de sus Padres, como  hasta ver el fuego que arruina los palacios y objetos preciosos, y cómo son derribadas las murallas de Jerusalén. Los que se libraron de la espada, fueron llevados cautivos a Babilonia y así pagan durante 70 años. Ciro, rey de los persas, será quien edifique una Casa en Jerusalén, y podrán volver a su pueblo, subir con Dios. En la vida, el Pueblo encuentra cautiverio y salvación, puede contemplar su pecado y la misericordia del Señor.
Con el Salmo 136: repasamos nuestro destierro, cautiverio; vemos la burla de quien nos pide un cantar; no se olvida el pueblo de su lugar de nacimiento, no podemos olvidar a Jerusalén, la ciudad de nuestros padres, la cumbre de las alegrías. ¿Por qué olvidamos a Dios?
Con la lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los Efesios, logramos recuperar la esperanza en Dios, rico en misericordia; resaltamos la bondad para con nosotros en Cristo Jesús; estamos salvador por puro amor de Dios, que nos ha creado en Cristo Jesús. Ahora, debemos ocuparnos en agradecer y hacer obras buenas, por Cristo.
La lectura del santo Evangelio según san Juan 3,14-21, nos entrega la firme confesión: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
No estamos bajo la condena, sino bajo la iluminación, por el Hijo que es luz, que nos ilumina, que nos atrae hacia su misma luz y verdad.
Cómo se puede fiar el ser humano de la bondad y misericordia de Dios manifestada en su Hijo Predilecto, en la presencia y comunión del Espíritu Santo. No es el temor lo que cubre la faz de la tierra, sino la misericordia, la salvación, la vida y gracia de nuestro Señor Jesucristo. No nos condenará, sino que nos ofrece constantemente su mano redentora “para librarnos por él”

4.- Al mirar a Cristo elevado en la cruz, crezca nuestra esperanza. ¡Tanto amó Dios al mundo!


   Fr. Victorino Terradillos, franciscano


Fr. Victorino, franciscano












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