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FRAY VICTORINO TERRADILLOS



LITURGIA   DOMINGO TERCERO DEL TIEMPO ORDINARIO    CICLO B                                                                                                                                                                                                           

1.- Convertíos y creed en el Evangelio.
2.- Levántate y vete a Nínive, la gran capital, y pregona allí el pregón que te diré.
3.- La presentación de este mundo se termina. El momento es apremiante.
4.- Anunciar en la gran ciudad, en el Universo, en la plaza de las comunicaciones.

 Homilía.- El Salmo 24 proclama y recuerda la ternura y misericordia eternas del Señor, y el camino se enseña a los pecadores y humildes.
Las lecturas, del Libro de Jonás 3,1-5.10, Primera a los Corintios 7,29-31 y el evangelio de san Marcos 1,14-20, nos llaman a historias de conversión, a nuestra vida, las marchas de los pueblos, de las comunidades, de la Humanidad. No es divagar de la palabra, sino recibirla de modo directo, tal como es pronunciada “de nuevo la Palabra del Señor”, y Jonás tendrá que ir y hablar de la realidad y en el mundo de la historia real. Jonás se levantó y fue a Nínive.
El Profeta no puede orillar su vocación, cambiar el mensaje recibido, callar lo recibido.
Si escuchamos, si hacemos penitencia, si nos convertimos de nuestra mala vida, Dios se compadece y se arrepiente de la catástrofe con la que “había amenazado a Nínive”. Dios es misericordia y bondad con todas las generaciones.
Como de la ciudad secular, del tiempo actual, donde se dan tantas corrupciones y mentiras, falsas adoraciones a nosotros mismos y a dioses totalmente falsos y vacíos, nosotros escuchamos la voz y el pregón. Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños”. Se convirtieron de su mala vida.
¿Posible conversión hoy? Hay convertidos. ¿La conversión a la amplitud de la justicia, de la verdad, de la familiar cordialidad entre todos los seres de Nínive, ciudad enorme? Empezar a hacer penitencia.
San Pablo nos convoca a la reflexión del tiempo, del apremio. ¿Qué queda? Toda la escena del ser humano se acaba, la representación tiene marcada una hora concreta. ¿Qué queda? ¿Es san Pablo un pesimista o una persona con los pies en la realidad del ser humano, cuando nos dice que hay que vivir como si no se tuviera mujer, como si no se llorara, como si no se pasase por momentos alegres  y de euforia, como si no se poseyese fortuna y bienes, como si no fuese nuestro el disfrutar?
Hay ciencia y reflexión de la realidad humana, del ser natural y biológico, de nuestro modo afectivo y esperanzador. ¿Es también convertirse, el pensar sobre nuestra mortalidad?, ¿es etapa de sabiduría?
La representación de este mundo se termina. Es suficiente abrir los ojos y ver la historia, las ciudades, las personas, las ideas, los datos.
La proclamación del Evangelio por Jesús, comienza así: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed en el Evangelio”. Un anuncio y proclama, y llamada a convertirnos y recibir en fe el Evangelio. ¿Es mucho el creer en el Evangelio y dejar de creer en otras cosas, ideas y apariencias, poderes y atracciones?
La llamada a la conversión es “ir con Jesús” y recibir la misión de anunciar el mismo Evangelio de salvación y misericordia a toda persona.
Un ejemplo de conversión de oficio, persona, misión: la vida de Simón y su hermano Andrés, Santiago y Juan.
Conversión: dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él. La conversión lleva a seguimiento del Reino, de la Bienaventuranzas.

Examen de hoy: ¿hasta dónde llega la llamada que se me hace, se hace a toda la Iglesia, de la conversión y seguimiento del Evangelio, de Jesús? Nínive se convirtió de su vida al escuchar a Jonás. ¿Para qué escuchar tanto si luego no nos convertimos y creemos en el Evangelio?¿ No es más Jesús el Nazareno que Jonás?
                                                        
Fr. Victorino Terradillos, OFM



Fr. Victorino, franciscano












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