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Fr. VICTORINO TERRADILLOS



LITURGIA
DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo B. Evangelio según san Juan 6,41-51

1.- La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico. En efecto, sin el reconocimiento de la presencia real del Señor en la Eucaristía, la comprensión de la Escritura queda incompleta. Por eso, “la Iglesia honra con una misma veneración, aunque no con el mismo culto, la Palabra de Dios y el misterio eucarístico y quiere y sanciona que siempre y en todas partes se imite este proceder, ya que, movida por el ejemplo de su Fundador, nunca ha dejado de celebrar el misterio pascual de Cristo, reuniéndose para leer, “lo que se refiere a él en toda la Escritura” (Lc 24,27) y ejerciendo la obra de salvación por medio del memorial del Señor y de los sacramentos”. (nº 55,Verbum Domini, Exhortación apostólica del papa Benedicto XVI)
2.-  Nos viene bien el leer todo el párrafo del número 56 de la Exhortación Verbum Domini,  acerca de la sacramentalidad de la Palabra.  “A este respecto, es útil recordar que el papa Juan Pablo II ha hablado del “horizonte sacramental de la Revelación y, en particular…, el signo eucarístico donde la unidad inseparable entre la realidad y su significado permite captar la profundidad del misterio”. De aquí comprendemos que, en el origen de la sacramentalidad de la Palabra de Dios, está precisamente el misterio de la encarnación: “Y la Palabra se hizo carne” (Jn 1,14), la realidad del misterio revelado se nos ofrece en la “carne” del Hijo. La Palabra de Dios se hace perceptible a la fe mediante el “, signo” como palabra y gesto humano.
 La sacramentalidad de la Palabra se puede entender en analogía con la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino consagrados . Al acercarnos al altar y participar en el banquete eucarístico, realmente comulgamos el cuerpo y la sangre de Cristo. La proclamación de la Palabra de Dios en la celebración comporta reconocer que es Cristo mismo quien está presente y se dirige a nosotros para ser recibido. Sobre la actitud que se ha de tener con respecto a la Eucaristía y la Palabra de Dios, dice san Jerónimo: “Nosotros leemos las Sagradas Escrituras. Yo pienso que el Evangelio es el Cuerpo de Cristo; yo pienso que las Sagradas Escrituras son su enseñanza. Y cuando él dice: “Quien no come mi carne y bebe mi sangre” (Jn 6,53), aunque estas palabras puedan entenderse como referidas también al Misterio Eucarístico, sin embargo, el cuerpo de Cristo y su sangre es realmente la palabra de la Escritura, es la enseñanza de Dios.
Profundizar en el sentido de la sacramentalidad de la Palabra de Dios puede favorecer una comprensión más unitaria del misterio de la revelación en “obras y palabras íntimamente ligadas”, favoreciendo la vida espiritual de los fieles y la acción pastoral de la Iglesia. ( nº56)
3.- Todo compromiso de santidad, toda acción orientada a realizar la misión de la Iglesia, toda puesta en práctica de planes pastorales, ha de sacar del Misterio eucarístico la fuerza necesaria y se ha de ordenar a él como a su culmen. En la Eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su sacrificio redentor, tenemos su resurrección, tenemos el don del Espíritu Santo, tenemos la adoración, la obediencia y el amor al Padre. Si descuidáramos la Eucaristía, ¿cómo podríamos remediar nuestra indigencia? (n. 60,Ecclesia de Eucharistia, san Juan Pablo II).
El Misterio eucarístico –sacrificio, presencia, banquete- no consiente reducciones ni instrumentalizaciones;  debe ser vivido en su integridad, sea durante la celebración, sea en el íntimo coloquio con Jesús apenas recibido en la comunión, sea durante la adoración eucarística fuera de la Misa. Entonces es cuando se construye firmemente la Iglesia y se expresa realmente lo que es: una, santa, católica y apostólica; pueblo, templo y familia de Dios; cuerpo y esposa de Cristo, animada por el Espíritu Santo; sacramento universal de salvación y comunión jerárquicamente estructurada. (nº 61, Ecclesia de Eucharistia, 2003)
4.- En la Liturgia, atendemos a las Oraciones y a  toda la Plegaria Eucarística. No reducimos la Misa a una homilía. Es todo un conjunto de Unidad, Ecumene, por la fuerza del Espíritu Santo que es invocado sobre las ofrendas y sobre todo el Pueblo de Dios. “Que el mismo Espíritu santifique, nos santifique y guarde en la Unidad”.
Hoy pedimos que crezca en nosotros el espíritu filial; que los dones entregados a la Iglesia se transformen en sacramento de salvación; que el sacramento nos afiance en la unidad y en la verdad.
5.- LECTURAS.-
Del Primer Libro de los Reyes 19,4-8. Elías y el ángel del Señor. Con la fuerza del alimento caminó 40 días y 40 noches, hasta el Horeb, el monte de Dios.
Salmo 33. Proclamad conmigo la grandeza del Señor. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. Contempladlo y quedaréis radiantes.
De la Carta de san Pablo a los efesios 4, 30-5,2. No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final. Vivid en el amor, como Cristo que os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor.
Del evangelio según san Juan 6,41-52.- Los judíos murmuraban de Jesús porque había dicho:”Yo soy el pan bajado del cielo”. Jesús tomó la palabra y les dijo: “No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que  me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día. Yo soy el pan de vida. El que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo”. Disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”
6.- Después de leer atentamente la Palabra, meditamos, hacemos oración, nos dejamos interpelar; que entre dentro de nosotros la duda, el rechazo, la pregunta, y que recibamos humildemente la confesión de Jesús, su entrega, su donación total, sus signos nuevos que hacen de nosotros criaturas nuevas, creyentes, adheridos, amantes, seguidores y evangelizadores. Se nos entrega en don y regalo como vida para todos, para el mundo entero.
7.- Nuestra vida se mantiene con los alimentos y bebidas que diariamente comemos y bebemos. El Señor nos los ha dado en la creación. Nuestra inteligencia ha creado la ciencia y la técnica con la que transformamos y multiplicamos dichos elementos de vida. Pero Dios ha dado más que pan y agua. Jesús lo ha venido anunciando en el Evangelio de Juan: después de la multiplicación de los panes y los peces manda recoger las sobras para que no se pierdan (Jn 6,12-13); poco después enseña al pueblo que hay que trabajar por el alimento que no perece (Jn 6,27); él es el pan que sacia el hambre definitivamente, el que dice a la Samaritana: “el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed”(Jn 4,14), y dice al ciego que él es la luz de la fe (Jn 9,37), y a Marta que es la resurrección y la vida (Jn 11,25). Seguir a Jesús, hacer nuestras actitudes y hechos de amor, es lo que nos hace vivir para siempre, porque dichos  hechos  son de Dios en Cristo. (Comentario en el Evangelio 2018, Familia Franciscana, ciclo B, p.288. Provincia Franciscana de la Inmaculada de España, Editorial Espigas).

Fr. Victorino, franciscano
 
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LITURGIA
DOMINGO 18 DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo b
1.- El domingo anterior se interrumpió la lectura del evangelio según san Marcos para proclamar entero el capítulo 6º de san Juan, el “discurso sobre el pan de vida” que tiene como punto de partida la multiplicación de los panes, signo realizado por Cristo como Buen Pastor preocupado por alimentar material y espiritualmente a sus ovejas. El significado cristológico y eucarístico del milagro se expone a lo largo del capítulo en los cuatro próximos domingos. (Nuevo misal del Vaticano II).
2.- El acaparamiento de los bienes creados, el sentido de la propiedad privada, crea la necesidad. Frente a lo sociedad injusta, que provoca la miseria, propone Jesús su alternativa: la abundancia se consigue rompiendo con el egoísmo acaparador y compartiendo lo que se tiene. El amor, expresado en el compartir generoso, hace crecer a los hombres, devolviéndoles su dignidad y su independencia. Esto es labor de todos; hay que continuar la generosidad indefinidamente. La dificultad está en que muchos no quieren asumir su parte de responsabilidad en la tarea común. Prefieren una figura de poder que les asegure la vida. La solución a la injusticia, sin embargo, no se encuentra en el poder de uno que mande, sino en el amor de todos. (Conviene leer toda la nota explicativa en el Nuevo Testamento ,J.Mateos- L. A. Schökel , ediciones Cristiandad).
3.-  Lo que se afirma genéricamente de la relación entre Palabra y sacramentos, se ahonda cuando nos referimos a la celebración eucarística. Además, la íntima unidad entre Palabra y Eucaristía está arraigada en el testimonio bíblico (cf Jn 6; Lc 24), confirmada por los Padres de la Iglesia y reafirmada por el Concilio Vaticano II. A este respecto, podemos pensar en el gran discurso de Jesús sobre el pan de vida en la sinagoga de Cafarnaúm (Jn 6,22-69), en cuyo trasfondo se percibe la comparación entre Moisés y Jesús, entre quien habló cara a cara con Dios (Éx 33,11) y quien revela a Dios (Jn 1,18). En efecto, el discurso sobre el pan se refiere al don de Dios que Moisés obtuvo para su pueblo con el maná en el desierto y que, en realidad, es la Torá, la Palabra de Dios que da vida (Sal 119; Prov 9,5). Jesús lleva a cumplimiento en sí mismo la antiguo figura: “El pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo…Yo soy el pan de vida”(Jn 6,33-35). Aquí, “la Lay se ha hecho Persona. En el encuentro con Jesús nos alimentamos, por así decirlo, del Dios vivo, comemos realmente el “el del cielo”.
El Prólogo de Juan se profundiza en el discurso de Cafarnaúm: si en el primero el Logos de Dios se hace carne, en el segundo es pan para la vida del mundo (Jn 6,51), haciendo alusión de este modo a la entrega que Jesús hará de sí mismo en el misterio de la cruz, confirmada por la afirmación sobre su sangre que se da a beber (Jn 6,53). De este modo, en el misterio de la Eucaristía se muestra cuál es el verdadero maná, el auténtico pan del cielo: es el Logos de Dios que se ha hecho carne, que se ha entregado a sí mismo por nosotros en el misterio pascual” (Verbum Domini, nº 54, Benedicto XVI, 2010)
4.- Oraciones.-
ORACIÓN COLECTA.- Ven, Señor, en ayuda de tus hijos; derrama tu bondad inagotable sobre los que te suplican, y renueva y protege tu creación a favor de los que te alaban como creador y como guía. Por nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.- Santifica, Señor, con tu bondad estos dones; acepta la ofrenda de este sacrificio espiritual y transfórmanos a nosotros en oblación perenne. Por Jesucristo.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.- A quienes has renovado con el pan del cielo, protégelos siempre con tu auxilio, Señor, y ya que no cesas de reconfortarlos, haz que sean dignos de la redención eterna. Por Jesucristo.
  Es la bondad de Dios la que se manifiesta en la Palabra y la Eucaristía, y esta bondad pedimos que se derrame abundantemente sobre nosotros. Los dones son bondad, santifícalos con tu presencia bondadosa; que recibamos la fortaleza que da tu auxilio, y que nosotros también sean transformados como ofrenda, junto con el pan y el vino.
En las oraciones se resume una fe, una esperanza, una petición de toda la Comunidad creyente, necesitada, esperanzada. Hoy se nos ofrece una promesa y una realidad: ser alimentados por el verdadero pan del cielo que nos entrega el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Conclusión y oración repetitiva: “Señor, danos siempre de ese pan”.
5.- LECTURAS.-
Del Libro del Éxodo 16,2-4.12-15. Protesta de la comunidad. El Señor dijo: “Yo haré llover pan del cielo”.  Moisés responde: “Es el pan que el Señor os da de comer”.
Salmo 77: El Señor les mandó provisiones hasta la hartura.
De la Carta del Apóstol san Pablo a los Efesios 4,17.20-24: Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.
Verso del Aleluya: No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mt 4,4
Del evangelio según san Juan 6,24-35: Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. ¿Qué signo haces tú, para que creamos en ti? “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed”.
6.- Me parece inagotable este signo, el discurso, la enseñanza, la proximidad de tanto amor de Dios manifestándose en la donación y entrega verdadera, en pan lleno de verdad y vida que alimenta siempre a quien lo recibe en fe y agradecimiento, en adoración y entrega.
Podemos confiar y no murmurar por haber sido liberados, sacados del poder del dominador, de toda esclavitud. Dios ha estado grande con nosotros, nos hace arder el corazón cuando nos explica su Palabra y nos abre los ojos al partir el pan, en la Acción de gracias.
Somos alimentados, somos enseñados a huir del hombre corrompido por deseos de placer, y sentimos la renovación en la mente y al ser revestidos de la nueva condición, creada a imagen de Dios: en justicia y santidad verdaderas.
Nos puedes decir, Señor, toda la verdad y fuerza que está dicha y proclamada en el signo; que nos enseñes a realizar la obra de creer en Cristo, el Hijo Predilecto y Enviado.
No nos alejaremos de ti, Señor, danos vida para que invoquemos tu Nombre; para saber recibir y agradecer, permanecer en la misma Comunidad de fe y amor, siendo eternamente agradecidos, adorando y bendiciendo, dando gloria y proclamando.
7.- La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo por el Padre. (Catecismo de la Iglesia católica, nºs 1324-1327)


Fr. Victorino, franciscano
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LITURGIA
DOMINGO 17 DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo B
1.- Dios ha visitado a su pueblo, está entre nosotros.
Con qué fuerza y confianza canta el Salmo 67: Dios vive en su santa morada; Dios da fuerza y poder a su pueblo. Es experiencia, es don gratuito y cercanía de Dios Amor. Ahora nosotros lo reconocemos, y damos gracias. La obra de Dios es: Dios Amor en medio de su pueblo, entre nosotros. ¡Qué grandeza!
Con el salmo 144 proclamamos la gloria de Dios, la gloria de su reinado. Dios nos alimenta, nos sacia de favores, está cerca, es bondadoso en todas sus acciones.
Cuando Israel, la Iglesia, el creyente, quien busca la verdad,  encuentra la mano abierta de Dios, no puede menos de dar gracias y cantar agradecido. Tú, Señor, nos sacias; eres justo en todos los caminos. Los sabemos por experiencia. Tu amor sobrepasa nuestra admiración. ¡Has estado grande con nosotros! Estamos alegres.
2.- Oraciones:
a) Oración colecta: Oh Dios, protector de los que en ti esperan; sin ti nada es fuerte ni santo. Multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor.
b)Oración sobre las ofrendas: Recibe, Señor, las ofrendas que podemos presentar gracias a tu generosidad, para que estos santos misterios, donde tu Espíritu actúa eficazmente, santifiquen los días de nuestra vida y nos conduzcan a las alegrías eternas. Por Jesucristo.
c) Oración después de la comunión: Hemos recibido, Señor, este sacramento, memorial perpetuo de la pasión de tu Hijo; concédenos que este don de su amor inefable nos aproveche para la salvación. Por Jesucristo.
Los signos de la misericordia de Dios, el memorial perpetuo de la pasión del Hijo Amado, los bienes pasajeros y eternos, todo entra en nuestra oración. Oh Dios, que se multipliquen sobre nosotros, en este día, en la Celebración de la Acción de Gracias, los signos de la abundante misericordia de tu Corazón, que no sea algo pasajero nuestro escuchar y participar, sino que nos haga santos cada día y nos guíen hacia la eternidad, donde la alegría se cumple en todo su  esplendor.
3.- Prefacio.- No olvidamos la lectura y canto de un prefacio del Domingo. Al recitarlo, al entonarlo con toda la fuerza posible, nos hacemos eco de las maravillas de la misericordia de Dios (Creación, Redención, Iglesia, Comunión), y unimos nuestras voces a las de los Ángeles y todos los Coros Celestiales, a santa María, Patriarcas y  Profetas, y a todo el Tiempo del Universo.
4.- LECTURAS.-  SEGUNDO LIBRO DE LOS REYES 4,42-44. El profeta Eliseo dice: Da los veinte panes de cebada a la  gente. “Comerán y sobrará”. Sobró como había dicho el Señor.
DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 4,1-6. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.
DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6,1-13. La multiplicación de los panes. “La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: “Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo”. Jesús se marchó otra vez a la montaña, él solo.
6.-  Se nos entrega la Palabra para ser alimentados, sentir el escalofrío y fervor que produce en nuestras  entrañas, en la vida completa, al ser tomada en comunión de fe y amor, la Palabra que es devorada y nos devora por dentro.
Es un alimento la Palabra, y no debe ser olvidada sino puesta en continuo ejercicio de  
pertenecer a la misma familia que necesita alimento y bebida, en el desierto, a lo largo de la vida.
¿Quién alimentará a la multitud, al pueblo hambriento, cuando llega el final del día y se está en el desierto? ¿Habrá algún profeta tan grande que nos haga sentar sobre la hierba, que nos traslade al éxodo verdadero, a la saciedad, a la confianza?
Aquí hay un muchacho con algo de comer, cinco panes y dos peces, pero ¿qué es eso para una multitud? ¿Se podrá arreglar alguna vez el hambre del mundo? ¿Vendrá a nuestra tierra Alguien capaz, con poderes mágicos?
Vosotros, dadles de comer. La solución de muchos problemas está en vosotros, en nosotros, en el juego de entre todos, eliminando a alguien que se cree superior  y no sirve a los más sedientos, a los emigrantes, a los huérfanos y viudas, a los más pobres de la sociedad.
¿Se puede entender la multiplicación del bien, del pan y pescado para todos, y que aún sobre para todas las tribus, para toda la Humanidad?
Esto sí que será un gran milagro: convertidos todos en hermanos, en solidarios unos de otros, en guardianes de los hermanos, en eliminar todo poder y convertirlo en servicio, en verdadero lugar de encuentro, sin nadie superior.
¿Se puede entender el gesto misericordioso de Cristo con la Multitud? Sí, pero nunca como poder, sino como revelación y entrega de Amor Total, Dios Amor. El amor lo puede todo.  Queda el amor, que es quien crea la Unidad, la misma Unidad de la que surge el Amor.
7.- Modos de acercarse a la Mesa, a la Eucaristía, a la Caridad, a la Humanidad. Más allá de los milagros, más aproximándonos a la Verdadera Revelación de Dios Amor.
Recibiendo el Amor de Dios, adorando, y entregando a todos el Amor que se ha derramado en nuestros corazones. Desde un mismo Bautismo, una Fe, un Solo Señor.
Fr. Victorino, franciscano
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Victorino Terradillos Ortega, franciscano













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